Instalaciones audiovisuales exclusivas: la experiencia artística en formato audiovisual

Fotograma del audiovisual experimental Anxiety 0.60

Actualmente, el audiovisual ha adquirido muchas y variadas formas. Lo podemos encontrar en el formato habitual (televisión, vídeo, cine…) o inmerso dentro de conceptos más amplios, como elemento que acompaña o sustenta una obra que trasciende a la imagen en movimiento. También han evolucionado y cambiado los propios medios a través de los que un audiovisual se muestra; nuevos equipamientos permiten ofrecer imágenes de una manera antes desconocida.

NUEVOS EQUIPAMIENTOS

Monitores adaptables a cualquier forma, imágenes sincronizadas con iluminación teatral, proyecciones de gran formato para exteriores, equipamientos robotizados, integración de programación informática e imagen… Las posibilidades son casi infinitas cuando se tiene en cuenta las permutaciones de estos elementos y la unión con otras artes. En este sentido, la creación de obras audiovisuales en las que participan pintura, escultura o danza, por poner un ejemplo, enriquece en gran medida las capacidades de cada una de las partes. En otras ocasiones ocurre justo al revés; es el audiovisual el que juega el papel de invitado en creaciones escultóricas o pictóricas.

Además, la propia configuración de la expresión audiovisual puede observar tantas variantes como imágenes, pues el estilo, la forma, el color, el sonido, la narración, el argumento o la falta del mismo, el tratamiento visual, y tantas otras cosas que intervienen en la misma, confieren a cada una de ellas un marchamo de singularidad ensalzado hasta constituir, por sí mismo, una obra de arte, más allá de los cánones estrictamente formales y comerciales.

MENSAJE POTENCIADO

El diccionario de la RAE, en una de sus acepciones, dice que arte es la «manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros». Atendiendo a esta definición, casi todo sería arte, pues el ser humano manifiesta una interpretación de la realidad y de su entorno casi con cada gesto, cuando el gesto es la sublimación de la palabra callada. El arte, además, como ocurre con el gesto, transmite emociones. Estas son tan diferentes y variables como el propio espectador, que, queriéndolo o no, reflexiona sobre lo contemplado, a veces inconscientemente, lo que ahonda en el fértil terreno de sentidos y sentimientos.

El mensaje se potencia al aunar imagen, sonido, elementos físicos, iluminación o un determinado ambiente creado especialmente para la contemplación. Combinar esos elementos permite componer obras poderosas que pueden tener diferentes propósitos, pero que también pueden confluir con una misma intención. Esto se puede ver claramente en el caso de museos, exposiciones o instituciones, donde el propio expositor puede transmutarse en una pieza exhibida más, una obra de arte con fines prácticos; por ejemplo, una instalación audiovisual que ofrece información al visitante, pero lo hace a través de un montaje con equipamientos como los antes mencionados, dispuestos de una manera singular y mediante recursos visuales que transmitan contenidos informativos al mismo tiempo que sugerentes o, directamente, conformados desde la vocación artística.

Incluso, estas posibilidades se pueden ampliar con realidad aumentada, realidad virtual, programaciones informáticas, inteligencia artificial o el llamado big data (posibilidades a las que dedicaremos una entrada específica).

Existen muchos caminos audiovisuales cuya exploración e investigación ofrecen apasionantes resultados, aptos para diferentes necesidades, intenciones y lugares, singularizados a través de estos medios que logran hacer exclusivo un espacio físico.